| ★ SALUD |
(★) Argentina.- La enfermedad que históricamente se asociaba al noroeste argentino ahora concentra el 70% de sus casos en la región centro, con una letalidad que preocupa a las autoridades sanitarias.
El Ministerio de Salud confirmó un patrón epidemiológico que rompe con la historia reciente: entre julio y octubre de 2025, el 69,6% de los casos de hantavirus se registraron en la zona centro del país, mientras que el sur concentró el 17%. Esta distribución geográfica inusual marca un cambio significativo respecto a temporadas anteriores, donde el noroeste solía ser el epicentro de la enfermedad. Lo más alarmante: de los 23 casos reportados en ese período, 9 terminaron en muerte, lo que representa una tasa de letalidad del 38% que las autoridades atribuyen parcialmente a un posible subregistro de casos leves.
Las provincias más afectadas muestran un panorama desigual: Buenos Aires reportó 5 infectados con 4 fallecimientos, Entre Ríos 6 casos con 3 muertes, mientras que Santa Fe tuvo 5 pacientes que lograron recuperarse. También se registraron casos en Formosa, Jujuy, Salta, Chubut, Neuquén y Río Negro, con los casos salteño y neuquino terminando en desenlace fatal. El Ministerio reconoce que aún no están claras las causas de este aumento en la región centro, pero señala múltiples factores como variaciones ambientales, abundancia de roedores reservorios y cambios climáticos.
La temporalidad también sorprende: mientras en 2023 y 2024 no se reportaron casos para esta época del año, ahora se contabilizaron 23 infectados. Las autoridades insisten en que el 90% de los casos históricos se concentran entre septiembre y abril, pero admiten que este año la distribución geográfica es diferente. La mediana de edad de los pacientes fue de 40 años, más alta que en temporadas anteriores, afectando principalmente a grupos con exposición a tareas rurales o actividades recreativas en áreas de riesgo.
Este cambio en el patrón epidemiológico del hantavirus expone las vulnerabilidades de un sistema de salud que debe adaptarse rápidamente a nuevas realidades sanitarias. La posible subnotificación de casos leves, combinada con la alta letalidad registrada, plantea interrogantes sobre la capacidad de detección temprana y la educación comunitaria en regiones donde la enfermedad no era endémica. La respuesta colectiva debe incluir no solo medidas individuales de prevención, sino también políticas públicas que fortalezcan la vigilancia epidemiológica y garanticen acceso a diagnóstico oportuno en todas las regiones del país.
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