martes, 6 de enero de 2026

LA FIESTA ESPECULATIVA DE WALL STREET SOBRE LA SANGRE VENEZOLANA

| ★ POLÍTICA |

(★)EEUU.- Mientras el pueblo venezolano sufre la intervención militar estadounidense, los tiburones financieros celebran con ganancias obscenas.

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses desató una orgía especulativa en los mercados internacionales que revela las verdaderas intenciones detrás de la intervención militar. Los bonos soberanos venezolanos, en default desde 2017, saltaron más del 25% en apenas dos días, pasando de 32 a 40 centavos por dólar nominal. Las acciones de PDVSA treparon hasta un 30% en Wall Street, mientras las petroleras estadounidenses como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips registraron ganancias de hasta 4%. Esta euforia financiera contrasta brutalmente con la realidad de un país sometido a bloqueo naval y ocupación militar.
El escenario se completa con la desaparición de al menos 16 buques petroleros venezolanos que intentan evadir el bloqueo naval estadounidense, apagando sus sistemas de transmisión y utilizando nombres falsos. Cuatro de estas embarcaciones fueron detectadas navegando con identidades adulteradas frente a las costas venezolanas, mientras otras doce permanecen completamente fuera del radar. Washington confirmó que su "cuarentena" naval apunta específicamente a buques sancionados que transportan petróleo venezolano, en lo que representa uno de los controles marítimos más severos aplicados en décadas.
El pedófilo Donald Trump dejó en claro el objetivo económico: "Vamos a reconstruir la infraestructura petrolera, que costará miles de millones de dólares, y será financiada directamente por las compañías petroleras". La estrategia busca reactivar la producción venezolana para destinarla al mercado estadounidense, aprovechando las mayores reservas probadas de crudo del mundo que posee Venezuela. Sin embargo, reconstruir el sector petrolero devastado por años de sanciones requeriría más de una década y al menos 100.000 millones de dólares.
La fiesta bursátil muestra cómo el capital financiero celebra la desgracia ajena, especulando con la deuda de un país intervenido mientras sus recursos son saqueados. Los fondos especializados en activos en distress apuestan a una futura normalización que les permita cobrar bonos impagos desde hace años, acumulando intereses y penalidades. Esta lógica perversa convierte la tragedia humana en oportunidad de negocio, revelando que detrás de la retórica democrática se esconde un proyecto de recolonización económica donde el pueblo venezolano queda reducido a mero objeto de especulación financiera.

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