| ★ POLÍTICA | NO AL EXTRACTIVISMO|
(★) Argentina.-La recolonización financiera avanza bajo el disfraz del "rescate" económico, mientras los pueblos resisten en las cordilleras y litorales.
La historia se repite con saña. El extractivismo y la deuda externa conforman un matrimonio perverso que lleva décadas vaciando nuestra soberanía. Desde la última dictadura militar, cuando el FMI firmó acuerdos apenas dos días después del golpe, hasta la actualidad con el RIGI y los "rescates" estadounidenses, el mecanismo es el mismo: más deuda para financiar más saqueo. Los números hablan claro: de 4 mil millones de dólares en 1976 a 454 mil millones hoy, la estafa crece exponencialmente mientras se profundiza la reprimarización de nuestra economía.
Este modelo no solo empobrece, sino que también mata. Las comunidades de la cordillera, esos territorios que el centralismo porteño considera "el culo del mundo", hoy protagonizan una resistencia épica contra la megaminería. Como señala Benedetto, allí está emergiendo la Argentina invisible que Marechal vislumbró, donde pueblos enteros defienden el agua pura y la Pachamama frente a la invasión de corporaciones transnacionales. No es casual que en sus marchas lleven la imagen de San Martín: continúan la gesta libertadora dos siglos después.
El FMI, el Banco Mundial y el BID actúan como arquitectos de este despojo. Sus informes técnicos exigen sistemáticamente "mejorar los marcos regulatorios" de minería y energía para "impulsar la inversión extranjera". El RIGI completa el círculo: ofrece exenciones impositivas y acceso preferencial al mercado cambiario, premiando especialmente a quienes presentan bonos de la deuda pública como parte de su inversión. Así, la deuda financia el saqueo que genera más deuda.
Frente a este panorama, las falsas soluciones como el mercadeo de carbono o los canjes de deuda por conservación solo profundizan el problema. Como demostró el Juicio Popular a la Deuda en 2020, estos mecanismos implican "derivaciones en perjuicios de lesa humanidad y de lesa naturaleza". La verdadera alternativa está en las calles, en las asambleas, en esa militancia juvenil que baila y canta mientras defiende el territorio. La suspensión del pago de la deuda ilegítima no es una opción radical, sino el primer paso necesario para construir soberanía alimentaria, energética y política. Como bien sintetizó Galeano: más pagamos, más debemos y menos tenemos. Romper este círculo requiere reconocer que la lucha ambiental es, en esencia, una lucha por la liberación nacional.
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