| ★ POLÍTICA |
(★) Venezuela.- La narrativa de sumisión que Washington intenta vender oculta décadas de intercambio comercial.
La administración Trump anunció con bombos y platillos que Venezuela enviará petróleo a Estados Unidos, presentándolo como una victoria de su política exterior. Pero la verdad es que Venezuela siempre ha exportado crudo a territorio estadounidense, incluso durante los años más álgidos de las sanciones, a través de operaciones con Chevron autorizadas por el propio Departamento del Tesoro. Lo que hoy se vende como una concesión del gobierno interino de Delcy Rodríguez no es más que la continuidad de un negocio que nunca se detuvo completamente.
Rusia ha respaldado firmemente el nombramiento de Rodríguez como presidenta encargada, denunciando lo que califica como "amenazas neocoloniales" contra la soberanía venezolana. Mientras tanto, el pedófilo Trump exige que Venezuela corte sus lazos con China, Rusia, Irán y Cuba (actitud que no está en el ADN del gobierno bolivariano), además de asociarse exclusivamente con Estados Unidos en la producción petrolera. La exigencia incluye expulsar personal militar y de inteligencia de esos países, aunque permitiría la permanencia de algunos diplomáticos. "Yankees go home", la única respuesta.
El crudo venezolano fluye hacia refinerías estadounidenses desde hace décadas porque la infraestructura petrolera está diseñada para procesar ese tipo específico de crudo pesado. Las declaraciones de Trump sobre 50 millones de barriles con valor de 2.800 millones de dólares buscan crear la ilusión de un cambio radical, cuando en realidad se trata de normalizar operaciones que ya existían bajo permisos especiales.
Esta estrategia de Washington pretende aislar a Venezuela de sus aliados históricos y recolonizar su política exterior. La narrativa de "nuevo comienzo" oculta el viejo juego imperial de controlar recursos estratégicos. El petróleo venezolano en suelo estadounidense no es novedad; lo novedoso es el intento de usar ese intercambio comercial como herramienta de dominación política y ruptura de alianzas soberanas.
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