lunes, 5 de enero de 2026

EL FRAUDE DE LA JURISPRUDENCIA INTERNACIONAL

| ★ POLÍTICA |

(★) Internacional.- Cuando las potencias militares actúan, el derecho internacional se convierte en papel mojado

La captura militar de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses desnuda la hipocresía del sistema internacional. Mientras el Consejo de Seguridad de la ONU se transforma en campo de batalla diplomático, Washington niega la ocupación en Venezuela pero Colombia denuncia violaciones flagrantes al derecho internacional. La operación que llevó al presidente venezolano a Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo muestra cómo las normas se aplican selectivamente: para los poderosos, acciones policiales; para los pueblos, violaciones a la soberanía.
Samuel Moncada, embajador venezolano ante la ONU, calificó la operación como "ataque armado ilegítimo" que normaliza "la sustitución del derecho por la fuerza". Colombia, con respaldo de Rusia y China, impulsó la reunión del Consejo de Seguridad denunciando evidentes violaciones a la soberanía venezolana. Brasil advirtió sobre el "precedente extremadamente peligroso" de construir protectorados, mientras Chile subrayó que las violaciones de derechos humanos "no tienen solución militar". México condenó la agresión que pone en riesgo la estabilidad regional.
La dignidad de Venezuela y Maduro se erige como resistencia ante la arrogancia imperial. Mike Waltz, embajador estadounidense, llamó a Maduro "narcotraficante" y "presidente ilegítimo", pero su retórica no oculta la realidad: 32 militares cubanos murieron en combate directo durante la operación, según La Habana. Nicaragua expresó indignación por esas muertes, reclamando la liberación inmediata de Maduro. Cuba calificó el acto como "inaceptable y bárbaro", acusando a EE.UU. de querer imponer un "gobierno títere".
La jurisprudencia internacional revela su verdadero rostro: instrumento de dominación cuando conviene, obstáculo burocrático cuando no. Los organismos multilaterales muestran su impotencia ante las potencias militares, mientras países latinoamericanos divididos entre condenas y complicidades reflejan décadas de dependencia. La solidaridad regional emerge como única respuesta posible ante la lógica del más fuerte, demostrando que la verdadera soberanía se construye desde la unidad de los pueblos, no desde salones diplomáticos donde se negocian principios a conveniencia.

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