miércoles, 7 de enero de 2026

EL ESTADO ARGENTINO SE POSTRA ANTE TRUMP: APLAUDE EL SECUESTRO DE MADURO

| ★ POLÍTICA |

(★) Argentina.- Una diplomacia servil que celebra intervenciones militares y secuestros internacionales

La política exterior argentina bajo Javier Milei alcanzó niveles de sumisión históricos. En la Organización de Estados Americanos, el embajador Carlos Cherniak ratificó el apoyo explícito a la intervención militar estadounidense en Venezuela y al secuestro del expresidente Nicolás Maduro y su esposa, quienes fueron trasladados a Nueva York para ser juzgados. Este pronunciamiento oficial celebra acciones que violan el derecho internacional y la soberanía de los pueblos, alineándose ciegamente con la administración Trump.
La justificación esgrimida por el gobierno argentino se basa en acusaciones de narcoterrorismo contra Maduro, utilizando la figura del "Cartel de los Soles" que la propia justicia norteamericana admitió que nunca existió. Esta construcción fantasmagórica sirvió durante años como excusa para intervenciones, demostrando cómo la diplomacia argentina reproduce narrativas fabricadas por potencias extranjeras. La actitud rastrera del Estado se completa con el agradecimiento público del senador republicano Marco Rubio al canciller Quirno, confirmando que Argentina funciona como apéndice regional de los intereses estadounidenses.
Esta postura representa una ruptura con los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos que históricamente caracterizaron la política exterior argentina. El gobierno celebra operaciones militares que establecen peligrosos precedentes para toda América Latina, donde cualquier disidencia política podría ser criminalizada bajo acusaciones fabricadas. La sumisión diplomática no solo avergüenza internacionalmente al país, sino que legitima mecanismos de dominación que pueden volverse contra cualquier gobierno que no se alinee con Washington.
La complicidad argentina en esta operación marca un punto de inflexión en las relaciones hemisféricas, donde un Estado sudamericano aplaude el secuestro de un mandatario electo. Esta actitud servil no fortalece la democracia, sino que consolida un orden imperial donde las potencias deciden quién gobierna y quién es secuestrado. La verdadera solidaridad latinoamericana exige rechazar estas prácticas coloniales, no celebrarlas desde una posición de vasallaje político que compromete la soberanía de toda la región.

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