jueves, 8 de enero de 2026

¿EL FIN DE LAS UTOPÍAS LATINOAMERICANAS? | REALPOLITIK

| ★ POLÍTICA |

(★).- Los gobiernos progresistas enfrentan su prueba más dura ante la nueva ofensiva imperial.

La "caída" de Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos marca un punto de inflexión en la geopolítica continental. Lo que parecía imposible hace apenas meses hoy es realidad: un presidente latinoamericano juzgado en Nueva York por el gobierno estadounidense. Esta situación tensiona al máximo los principios de soberanía y no intervención que durante décadas articularon el discurso progresista en la región.
Lula da Silva, enfrentando elecciones en octubre, opta por una estrategia de mediocre cautela. El presidente brasileño condena los bombardeos en territorio venezolano como "una gravísima afrenta a la soberanía", pero evita mencionar directamente a Trump o Maduro. Su cálculo es electoral: no quiere que la familia Bolsonaro lo vincule al chavismo en plena campaña. La fórmula es similar a la de Claudia Sheinbaum en México: defender nociones abstractas de democracia sin confrontar abiertamente al gobierno estadounidense.
Mientras tanto, Trump avanza con su agenda venezolana. El Departamento de Estado planea reabrir la embajada en Caracas durante la primera mitad del año, con Richard Grenell o Mauricio Claver-Carone como posibles embajadores. El chavismo, ahora sin Maduro, comienza a alinearse con Washington. El hijo del expresidente, "Nicolasito" Maduro Guerra, promueve cumplir las demandas petroleras de Trump y respalda una eventual reunión entre Delcy Rodríguez y Marco Rubio (o al menos eso es lo que se difunde y desde las altas esferas no desmienten).
Colombia protagoniza el giro más dramático. Gustavo Petro, quien convocó marchas contra las amenazas de invasión estadounidense, ahora negocia un encuentro en la Casa Blanca. La conversación telefónica entre Trump y Petro marca un punto de inflexión: el presidente colombiano reconoce que iba a dar un discurso "bastante duro" pero lo cambió tras el llamado. 
La realidad muestra que las utopías soberanistas chocan contra los intereses geopolíticos/económicos concretos. Los gobiernos progresistas navegan entre principios ideológicos, prebendas y realidades electorales, mientras Washington reconfigura el tablero regional a su favor. La pregunta que queda flotando es cuánto de la retórica antiimperialista y la de "otro mundo es posible" sobrevivirá cuando los retos políticos se vuelven demasiado altos.

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